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El llamado “punto G” masculino correspondería a la uretra prostática
 
El hombre y su máximo placer
Así como en la mujer, también se dice que los varones tendrían un punto en el cuerpo a través del cual se podría alcanzar el máximo placer sexual. En ellos se llamaría “punto L” y estaría ubicado en la próstata, órgano en donde se acumula el semen y que puede ser estimulado para provocar intensas sensaciones.
 
Carla González C.
 

Tanto se ha hablado del punto G en las mujeres, de si es o no un mito, de si todas o sólo algunas lo tendrían, de si su ubicación es tal o cual, etcétera, que quizás olvidamos que el hombre también posee necesidades y talvez hasta puntos específicos de su cuerpo en donde pueda disfrutar plenamente de un encuentro sexual.

Y así es. Se dice que el varón también poseería un punto específico – llamado punto L – el que al ser estimulado puede provocar las más excitantes sensaciones. Entonces ¿dónde quedaría este punto que algunos reconocen más como una zona?, ¿por qué sería un área de excitación profunda?, ¿cómo estimularla?

Al respecto, el médico urólogo, sexólogo y fundador de la Sociedad Chilena de Sexología, doctor Antonio Salas Vieyra, afirma que la zona a la cual se le denomina punto G masculino correspondería a “la uretra prostática”.

Para explicarlo mejor, el médico dice que “el proceso de eyaculación, es manejado en el hombre desde las vesículas seminales que producen el semen, el que se junta antes con los espermatozoides. Estos se depositan por el verum montanum en la uretra prostática y ésta es toda la parte de la uretra que recorre la próstata entre el cuello de la vejiga y el esfínter externo de la uretra”.

Será entonces en esa zona donde se acumule el semen y al momento de producirse la eyaculación – el placer – “se sigue contrayendo el esfínter interno, pero se suelta el externo de la uretra junto con toda la musculatura del periné, los que se contraen cada 0,8 segundos por unas cinco o seis veces hasta soltar el semen”, agrega.

Con lo anterior, el doctor Salas dice que será “evidente que esa parte será más sensible y la que produce el placer en el hombre”, mucho más que tratarse de un punto que puede estimularse para llegar al máximo placer.

Más que llamarlo como “el punto G masculino”, el urólogo menciona que se trata de “un proceso normal, interno que no se desarrolla por estímulos directos, sino que se desarrolla porque el pene ha conseguido la sensibilidad y con lo cual se desencadena el proceso de la eyaculación”.

Al ser entonces el punto L un sector al que sólo se podría llegar a través del ano – con la introducción de por ejemplo el dedo o un consolador – el doctor Salas sentencia que este tipo de prácticas van más de la mano con la homosexualidad que en una pareja de heterosexuales.

“Es en definitiva el sentimiento de sentirse penetrado y es por eso que algunos necesitan que exista un punto”, manifiesta el especialista.

A pesar de lo anterior, reconoce que la zona de la uretra es sensible per se en todos los hombres, pues tal como indica “produce el placer” y éste a su vez – con la eyaculación y las contracciones antes descritas – produce el orgasmo.

En esta misma línea, menciona que “si uno estimula la próstata es posible sentir placer” y de hecho hay experiencias en donde basta un pequeño masaje en ese órgano (acción que se realiza a nivel médico en ciertos exámenes de tipo urológico) para que se logre la expulsión del semen.

Los otros puntos del hombre

El sexólogo comenta que en el varón además existen otras zonas llamadas erógenas que no sólo tienen que ver con su aparato reproductor, sino que también con el resto del cuerpo y en donde durante un encuentro amatorio pueden ser estimulados para así ganar más placer.

Entre los que destaca, están la boca, la lengua, las orejas, los pezones, la palpación de sus genitales y la piel en general. “Sólo el roce incluso con ropa va produciendo excitación incluso hasta llegar al orgasmo”, señala.

Para el doctor Antonio Salas, la idea “no es ir en busca de puntos”, sino más bien sentirse bien con el sexo y con la pareja. A esto agrega que cuando no hay ningún tipo de satisfacción se debe consultar y hablarlo con el compañero (a), debido a que “el sexo es un problema de pareja”, que debe ser hablado.

 

“El hombre está aprendiendo”, indica el especialista con respecto a cómo con el paso del tiempo los varones han ido ganando sensibilidad y dejando de lado ciertos tabúes o convenciones sociales que los hacían ser personas que más que disfrutar de un encuentro íntimo, preferían ir por el camino rápido y sin previa estimulación.

“El deber sexual de los hombres es darle placer a su pareja y por ahí deben empezar”, comenta el médico a lo que agrega, “que no debe ir rápido y listo para el orgasmo, sino que ir variando su sexualidad”, sacándose la idea de la penetración como clímax de la relación.

“Los resultados de los tratamientos para superar la eyaculación precoz pueden ser muy alentadores, por lo que el problema no debe asustar e inhibir a los pacientes a consultar”

Dr. Gabriel Dukes, psiquiatra.

Hay solución

Según los expertos, a la hora de tratar un problema como la eyaculación precoz es imprescindible llegar a averiguar cuál es el origen de ese problema, no basta con conseguir que el paciente logre controlar su eyaculación.

Para Dukes un buen tratamiento “debiera considerar la evaluación de un urólogo -para descartar causas orgánicas que pudieran producir o contribuir al trastorno- y una evaluación psiquiátrica, en busca de otros cuadros mentales que pudieran coexistir. Además es importante sopesas la necesidad de utilizar medicamentos, que en muchos casos son muy eficientes y ayudan mucho a estos pacientes”. En este caso no se trata de medicarse con pastillas que otorgan erecciones duraderas, suelen utilizarse medicamentos que controlan la ansiedad, relajantes, etc.

 
Finalmente es importante tener en cuenta las terapias psicológicas, “que pueden combinar terapias conductistas asociadas a terapias psicoanalíticas que exploran la personalidad en profundidad. Los resultados pueden ser muy alentadores por lo que el problema no debe asustar e inhibir a los pacientes a consultar”, concluye Dukes.

Punto Vital Marzo 2010 ©

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